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carlosdaneri

La enajenacion del trabajo, Marx

...el  trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en su trabajo, el trabajador no se  afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energia fisica y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí...
Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste...
En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que este no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en el no se pertence a sí mismo, sino a otro... Pertenecer a los otros es la pérdida de sí mismo...

Es muy difícil la labor creadora para un obrero, para un jornalero, ya que la búsqueda del sustento le consume la mayor parte del tiempo. una de las primeras condiciones para filosofar, desde los presocráticos,  ha sido siempre el ocio.
Pero han habido grandes autores que han logrado la consumación de su obra a pesar de todo el tiempo que el trabajo les absorbe, tenemos el gran ejemplo de Kafka, que hasta incluyó la temática de la enajenación del trabajo en su obra.

La Moral de Schopenhauer

La virtud no se enseña, como tampoco el genio. La idea que se tiene de la virtud es estéril, y no puede servir más que de instrumento, como las cosas técnicas en materia de arte. Esperar que nuestros sistemas de moral y nuestras éticas puedan formar personas virtuosas, nobles y santas, es tan insensato como imaginar que nuestros tratados de estéticas puedan producir poetas, escultores, pintores y músicos.

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No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. en primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el  mal ajeno y llega hasta la suma crueldad; y últimemente, la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos tres móviles, o aun dos a la vez.